Hace unos días en la radio escuché la canción con la que se iniciaba la serie de MASH. Con la capacidad de evocación que tiene la música no tardé en sentirme trasportada a mis primeros años de matrimonio, a aquel sofá de skay granate que heredamos de casa de mis padres en el cual nos tumbábamos a ver el episodio semanal donde nos avivaban la rebeldía contra la guerra, eso sí, en clave de humor. La serie era fantástica, o igual sólo son recuerdos sublimados. Parada ante un semáforo vi descender los helicópteros cargados de heridos y correr al personal sanitario. Pensé en lo poco que habían cambiado algunas cosas.
Luego en casa me dediqué a investigar un poco sobre aquella serie que ahora sé que su último capítulo sigue manteniendo el record de audiencia en USA desde 1983. Encontré la canción, y hasta su traducción en un blog muy currado. Maravillas del futuro que creíamos ciencia ficción en aquel pasado.
Seguí navegando por la red arrullada por la canción, recién descargada de la mula, con letra de un joven, un niño diríamos hoy, que cree que la muerte es mejor a ciertas cosas. No sé como navegando caí en una entrevista que le hacían a Delibes hace unos meses y me sorprendió sentirme tan identificada con sus sentimientos, era extraño sentirte reflejada en algo que dice un hombre que tiene cuarenta años más que tú. Volví a pensar en lo poco que cambian algunas cosas.
Luego la casualidad me jugó una de sus gracietas. Me acosté y cogí el libro que tenía empezado. Es un libro un tanto peculiar y lo curioso fue que al comenzar a leer me encontré con una referencia a la canción “Suicide is painless”, con una sonrisa pensé en Auster y en lo curiosas que son algunas de las cosas que nos pasan.
lunes 21 de abril de 2008
Suicide is painless
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4 comentarios:
De vuelta en Madrid repaso la blogosfera y me encuentro tu post. MASH era una serie fant�stica, identificarse con Delibes es lo normal en gente con la cabeza bien amueblada, independientemente de la edad. �Has leido La Hoja Roja? siempre me ha asombrado como se mete al mismo tiempo en la piel de una adolescente ignorante y humilde y en la de un anciano.
Todavía recuerdo la muerte de Ángeles. Yo era entonces adolescente y una amiga mía estrenaba su primer amor con uno de sus hijos. Fuimos de excursión y al chico le trajimos un enanago metido en una caja de cartón para consolarle. Terminó siendo biólogo. Lo pescamos en Sevilla en el parque de Maria Luisa ¡Qué ocurrencias, sustituir a una madre por una culebra de agua! Por el camino se nos escapó y tuvimos que buscarle entre los asientos del autobús entre la histeria colectiva de un montón de quinceañeras.
Cuando yo no entendía nada todavía, siempre me llamó la atención esa pasión confesada sin pudor de Delibes por su esposa. Dura ya más de 40 años. Cada vez que le he visto lo he pensado. Pero ya ves, a pesar de los pesares, un día volvió a escribir.
De parte del señor Auster te diré que estaba releyendo a Delibes. Al Delibes de antes. Y no me parece mejor que el de después.
Yo también me canso de pensarme
- Aquí hay mucha tela pa mi body.
- El padre de una amiga mía sentía una mezcla de fervor y envidia por Delibes que le hacía amar sus libros amargamente. Mi amiga tiene, en su tablón de fotos de amigos, una foto de Miguel Delibes con su boina, a quien no conoce, claro, pero qué más da.
- Mash: peliculón y superserie.
- El vídeo ese: sin palabras.
- El libro..., en fin.
- La cantidad de libros que lees, con las horas que se nos lleva la vida general, impresionante.
- El blog de ese chico, fuerte.
- Solateras, Aguamarga, hola.
- La cadena de acontecimientos que te lleva al punto de retorno, caray.
- Besos.
No, no he leído “La hoja roja”, Solateras, el primer día que vaya a la biblio lo cogeré y seguro que me gusta viniendo con este aval.
Aguamarga, una culebra de agua es más original que un gato, claro que Leia tiene mucho encanto, lo sabes bien. La suerte de Delibes fue que tenía dos pasiones, cuando perdió una casi pierde a la otra, pero afortunadamente para nosotros no fue así, pero quedó como quedó, lo cual me llevó a pensar al leer la entrevista que todo eso de lo que hemos hablado tú y yo, de que es una pena carecer de una pasión en la que volcarnos, es otro espejismo. Delibes es la prueba.
El señor Auster imagino que habrá tomado nota y que tú lo habrás guardado en el cajón.
Hay que ver que bien has cortado la tela Elefancia, pura alta costura.
Las historias de tus amistades son geniales.
La vida general me come demasiadas horas, más ahora que me faltan dos manos, pero carezco de vida compartida y de sueño, la tele no me gusta, así que vivo a base de libros, series y pelis.
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