
El frío que trae alegría a sus ojos, para mí algo impagable, mientras me cuenta bajadas a tumba abierta subido en su tabla de snowboard, y yo pienso lagarto, lagarto. El frío que hace que la entrada y la estancia en casa sea deseada, esperada, disfrutada. El frío que este año ha empezado tan pronto y sin dar respiro y que me ha dibujado una sonrisa complacida.
Pero el frío, con su aliada la crisis, también nos tiene contra las cuerdas.
Dicen de la crisis esto y aquello. Yo solo puedo apuntar lo que veo, lo que sé. Que en Aterpe se esta en el tope de las personas que se pueden atender (el artículo dice 45 comidas en el verano, ahora se anda muchos días por el doble). Que Hotzaldi y Laguntza Etxea están llenos. Y que Talleres Lamorus tiene problemas de trabajo.
La situación no es desesperada pero es grave, muy grave, en muchos centros donde se atiende al colectivo de los sin techo, excluidos, marginados, emigrantes, gentes desestructuradas y a las estructuradas a las que la crisis ha desbaratado.
Andaba yo en esta subida y bajada cuando a mitad de semana llega a mí un artículo sobre unos saquitos que salvan vidas, salvada la semana, pensé, pero no, antes de acabarlo ya estaba echando la cuenta mental de las vidas que se pueden salvar pero que aún así sobran y con las que habrá que acabar por los métodos acostumbrados: hambre, enfermedades varias, guerras, bateras.
Diagnóstico: trazas de trastorno bipolar.
Pero el frío, con su aliada la crisis, también nos tiene contra las cuerdas.
Dicen de la crisis esto y aquello. Yo solo puedo apuntar lo que veo, lo que sé. Que en Aterpe se esta en el tope de las personas que se pueden atender (el artículo dice 45 comidas en el verano, ahora se anda muchos días por el doble). Que Hotzaldi y Laguntza Etxea están llenos. Y que Talleres Lamorus tiene problemas de trabajo.
La situación no es desesperada pero es grave, muy grave, en muchos centros donde se atiende al colectivo de los sin techo, excluidos, marginados, emigrantes, gentes desestructuradas y a las estructuradas a las que la crisis ha desbaratado.
Andaba yo en esta subida y bajada cuando a mitad de semana llega a mí un artículo sobre unos saquitos que salvan vidas, salvada la semana, pensé, pero no, antes de acabarlo ya estaba echando la cuenta mental de las vidas que se pueden salvar pero que aún así sobran y con las que habrá que acabar por los métodos acostumbrados: hambre, enfermedades varias, guerras, bateras.
Diagnóstico: trazas de trastorno bipolar.
5 comentarios:
Nada, Ybrim, tranquila. EE.UU. ha bajado los tipos de interés interbancario y el dinero va a circular entre los bancos como el agua fresca. Los ciudadanos de a pie nos seguiremos jodiendo, pero eso ¿a quién le importa?. La estafa Madoff ha afectado a España en un 10% de la totalidad del fraude ¡una pasta! pero el Gobernador del Banco de España dice que es irrelevante. De manera que me he quedado muy tranquila en relación a mis deudas, infinitamente más irrelevantes. Me empezaré a preocupar cuando el señor Botín tenga que ir a comer a los comedores de Cáritas.
Muy bueno Solateras, es el mejor análisis de la situación económica que he leído, o por lo menos el único que he entendido.
Yo puedo decir que el título de tu post me abre las carnes, más que la situación mundial en sí. Pero vamos, es una cuestión meramente persono-familiar.
Como siempre, lo único real aquí es la acción de las personas que hacen cosas para echar cables si se puede, que, por mucho que los hundan los déficits de otros, y por muy precaria que sea su estructura, ellos se levantan una tras otra, para seguir trabajando, y eso sí que es irrelevante, pero maravillosa irrelevancia.
Un beso.
Lo siento Elefancia. Las enfermedades mentales me dan tanto miedo que igual por eso bromeo con ellas, que no es, ni mucho menos, que me las tome a broma.
Uy, qué va, qué va, si no quería decir eso: nosotros si no nos la tomamos a broma no podemos con ella, o sea que tú tranqui, con la guasa por delante, que ayuda bastante. Un beso gordo.
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