lunes 21 de abril de 2008

Suicide is painless



Hace unos días en la radio escuché la canción con la que se iniciaba la serie de MASH. Con la capacidad de evocación que tiene la música no tardé en sentirme trasportada a mis primeros años de matrimonio, a aquel sofá de skay granate que heredamos de casa de mis padres en el cual nos tumbábamos a ver el episodio semanal donde nos avivaban la rebeldía contra la guerra, eso sí, en clave de humor. La serie era fantástica, o igual sólo son recuerdos sublimados. Parada ante un semáforo vi descender los helicópteros cargados de heridos y correr al personal sanitario. Pensé en lo poco que habían cambiado algunas cosas.
Luego en casa me dediqué a investigar un poco sobre aquella serie que ahora sé que su último capítulo sigue manteniendo el record de audiencia en USA desde 1983. Encontré la canción, y hasta su traducción en un blog muy currado. Maravillas del futuro que creíamos ciencia ficción en aquel pasado.
Seguí navegando por la red arrullada por la canción, recién descargada de la mula, con letra de un joven, un niño diríamos hoy, que cree que la muerte es mejor a ciertas cosas. No sé como navegando caí en una entrevista que le hacían a Delibes hace unos meses y me sorprendió sentirme tan identificada con sus sentimientos, era extraño sentirte reflejada en algo que dice un hombre que tiene cuarenta años más que tú. Volví a pensar en lo poco que cambian algunas cosas.
Luego la casualidad me jugó una de sus gracietas. Me acosté y cogí el libro que tenía empezado. Es un libro un tanto peculiar y lo curioso fue que al comenzar a leer me encontré con una referencia a la canción “Suicide is painless”, con una sonrisa pensé en Auster y en lo curiosas que son algunas de las cosas que nos pasan.

miércoles 9 de abril de 2008

Hilos

Me pedís palabras que consuelan,
palabras que os confirmen
vuestras ansias profundas
y os libren
de angustias permanentes.
Pero yo ya no tengo
palabras de ese género.
Aceptad mi silencio: lo mejor
de mí. Huid del soplo que pronuncia,
en mi boca,
la amarga condición de lo humano.
Y, entretanto, dejadme contemplar
el vuelo de la ropa
tendida en las ventanas.

Chantal Maillard