Hace unos días en casa de mis padres nos habíamos juntado demasiadas personas de visita y con las conversaciones cruzadas el sonido de la tele quedaba tapado y yo la miraba de vez en cuando como si fuera una más de los miembros de la reunión. Me fijé en las imágenes de un anuncio en el que se veía a una mujer pariendo y por un rato me evadí pensado que tendría epidural pues sino no se explicaba esa cara de rosa y me alegré de que lo de parir con dolor sea historia, en nuestro entorno al menos.
Luego en casa un día vi el anuncio al completo. Si digo que en términos educativos es un atentado no habré dicho nada nuevo que no se le pueda aplicar a la publicidad en general.
Me preocupa lo mal que estamos educando porque entre el valle de lágrimas y jauja hay un termino medio, que ser feliz es un deseo legitimo pero hay que educar no en los deseos sino en las realidades con las que a lo largo de la vida nos vamos a tener que enfrentar, hay que educar también para la frustración, el sufrimiento o el esfuerzo. Aprender a conocer la vida y a saber lo que podemos y no podemos esperar de ella será una herramienta muy útil para los días duros que sin duda llegaran y esa herramienta evitará que busquemos epidurales trampas para anestesiar los sentidos.
Lo malo no es que desde las marquesinas o la tele nos griten que hemos nacido para ser felices, así en exclusividad, lo malo es que la gente se lo cree porque andamos muy mal en esta sociedad de tiempo para todo, tan mal que ya ni pensamos en lo que pensamos, nos lo tragamos y a por el siguiente eslogan. Por cierto, a poco que se escarbe se ve que los psicólogos y los publicistas se llevan muy bien pues los anuncios siempre ofrecen aquello que la sociedad demanda y que es de lo que en realidad carece, en este caso felicidad o en el del ya legendario porque tú lo vales, autoestima, por ejemplo.
Sobre este anuncio hay algo más que redondea el negocio: una cadena de hospitales ha consentido, con permiso de los padres, poner una webcam sobre la cuna de los recién nacidos para que los internautas en tiempo real les puedan ver y enviar mensajes, eso si, llenos de optimismo al más puro estilo coca- cola (para curiosos
http://www.destapalafelicidad.es/) para añadir al anuncio además del atentando psíquico una gran dosis de cursilería, sensiblería y ñoñería.
Ese día en casa de mis padres estábamos personas de distintas edades, tres generaciones para ser exactos, todos, hasta los más jóvenes, hemos vivido una gran cantidad de estados de ánimo (la felicidad es uno de ellos, como la angustia), es decir, vivimos una vida plena, asumiendo que en ella hay de todo, que no solo hemos nacido para ser felices. Miento, no todos lo hemos asumido. Uno es alcohólico.